¿Para qué sirve el Convenio de Berna?

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El Convenio de Berna es un tratado multinacional que versa sobre la protección de las obras y los derechos de los autores y cuyo objetivo es proteger los derechos de los autores sobre sus obras literarias y artísticas de una manera mas eficaz y uniforme. El total de las partes contratantes son 171 y encontramos países como España, Camerún, Azerbaiyán…

Fue adoptado en 1886 en Suiza, aunque ha sido revisado y completado posteriormente, su nombre oficial es la Unión Internacional para la Protección de Obras Literarias y Artísticas.

En el Convenio da un listado de las obras que protege entre las que encontramos “todas las producciones en el campo literario, científico y artístico, libros, folletos y otros escritos; las conferencias, alocuciones, sermones y otras obras de la misma naturaleza; las obras dramáticas o dramático-musicales; las obras coreográficas y las pantomimas; las composiciones musicales con o sin letra; las obras cinematográficas…” entre otras muchas.

Para la protección de estas obras, se tendrá en cuenta la nacionalidad del autor, debido a que serán protegidas las creadas por nacionales de alguno de los países de la Unión, también es relevante el lugar de publicación de la obra, la residencia del autor etc.

Los derechos de los que goza los autores son los que se les concede en este Convenio, en los países de la Unión que no sean el país de origen de la obra, los que conceden en la actualidad o a los nacionales. El autor conservará el derecho de reivindicar la paternidad de la obra y de oponerse a cualquier atentado o modificación en perjuicio de su honor aunque haya cedido estos derechos, y además estos derechos son mantenidos después de su muerte.

El Convenio da la posibilidad de restringir la protección de obras nacionales de algunos países que no pertenecen a la Unión si ese país no protege suficientemente las obras propias del país que sí que pertenece a la Unión.

La vigencia en general de protección de estas obras se extiende durante la vida del autor y cincuenta años después de su muerte pero hay casos específicos en los que esto cambia. Además los países de la Unión tienen la posibilidad de ampliar los plazos previstos en el Convenio.

El Convenio otorga a los autores la facultad exclusiva de autorizar la reproducción, traducción, adaptación, arreglos… de sus obras, aunque hay casos en los que la utilización es libre. Esto ocurre cuando las citas son licitas tomadas de una obra que se haya hecho accesible al público. Si el fin es la enseñanza el Convenio deja libertad a las legislaciones de los países de la Unión. Para esta utilización libre es fundamental mencionar la fuente y el nombre del autor.

Para que este Convenio les proteja, tan solo tiene que aparecer el nombre del autor en la obra, o un seudónimo que no deje duda alguna sobre la identidad del autor. Para las obras anónimas se considerará autor el editor cuyo nombre aparezca plasmado en la obra.

Sólo se protegerán las obras existentes en el momento de la entrada en vigor del Convenio y que no hayan pasado a dominio público. Además, se da la posibilidad de comisar todas las obras que sean falsificadas y dicho comiso tendrá lugar conforme a la legislación de cada país.

La Unión tendrá una Asamblea que tratará cuestiones relativas al mantenimiento y desarrollo de la Unión y a la aplicación de este convenio y tendrá diferentes funciones como dar instrucciones a la Oficina Internacional de Propiedad Intelectual. Dicha Asamblea estará formada por países de la Unión y contará con un Comité Ejecutivo,  cada país miembro tendrá un voto.

Las tareas administrativas que incumben a la Unión las desarrolla la Oficina Internacional de Propiedad Intelectual que se encarga especialmente de la secretaría y realizará estudios y prestará servicios destinados a facilitar la protección del derecho de autor.

La Unión contará con un presupuesto que se financiará mediante las distintas contribuciones de los países que la forman que contribuirán en función de la clase en la que estén incluidos. Además recibirá financiación de las tasas prestadas por la Oficina Internacional, alquileres, intereses, donaciones etc.

Para formar parte se debe firma el Acta y si no se podrá adherir a ella. Los tramites de adhesión los llevará a cabo el Director General. Este Convenio deja abierta la posibilidad de hacer revisiones del mismo con el objetivo de introducir mejoras que lo perfeccionen.

Este Convenio permanecerá en vigor sin limitación en el tiempo, aunque los países puede denunciar el Acta y tendrá efectos un año después de la fecha en la que el Director General haya recibido la notificación.

En conclusión, el Convenio de Berna ofrece los medios para controlar quién usa las obras, y la forma en la que lo hace, es decir, para los países que quieran formar parte del convenio establece la protección mínima que sus obras deben tener.

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